lunes, 16 de abril de 2012

BIENVENIDOS A WÍNNAPPU: VERNISSAGE



En Wínnappu, planten lo que planten, siempre crecen berenjenas. ¿Qué hace? ¿Un año que no escuchan a Wagner? Más, y siguen saliendo. Aquí y allí, por todas partes. Así que descarten también esta posibilidad. La vida ya es eso, un quiero y no puedo. Quizá sean los ripios de los vates, el ulular metálico de la luciérnaga o el ronroneo afónico de una luna desvencijada y estéril, quizá. Cosas más raras se han visto. ¿Por ejemplo? Por ejemplo una puerta que abre si cierra y cierra si abre. Una escalera que sube si baja y baja si sube. Una ventana al aire. Una ventana desde la que se puede ver el mar, Narthwick o un bigote sin nariz. Depende. Depende de lo que uno quiera y pueda ver. Sí, of course; uno puede saltar, batir los brazos y probar a volar, pero eso hoy no toca. Así que volvamos a las berenjenas. A la vernissage del tiempo. Al erre que erre. La pregunta es por qué. ¿Por qué? Tal vez podría ser el viento… Uno se levanta un día y descubre que tiembla, que le baila la mano, que si se acaricia podría matarse con una leve sonrisa y un libro de instrucciones. Agitar antes de usar. La vida ya es eso, un quiero y no puedo. Pero hay lugares en los que uno ni quiere ni puede. Lugares sin tiempo. Sin un antes y un después. De las berenjenas.