A tío Knut lo frieron en la silla. No una, ni dos, sino hasta tres veces. Zás, zás y zás. Dicen que mató y violentó – por ese orden – a siete muchachas francesas que merodeaban el pueblo en shorts, enseñando el ombligo, oliendo a atún. Aquí las noticias y los tumbleweeds vagan como las ánimas descalzas de los negros, aúlle el viento o no. A tío Knut, se dijo, lo frieron en la silla, y a nosotros nos tiran piedras, se nos encaran las comadrejas y Papá duerme con una escopeta pegada en los huevos. Dicen. Pero lo cierto es que comemos de pie, y que Mamá nunca fue de patatas fritas.
