Antes, por cinco marcos, el mismo Freud te trataba. Por diez te trataba y te planchaba los pantalones. Por quince marcos Freud permitía que tú le trataras a él, eso incluía una invitación a comer.
Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran ganas de invadir Polonia.
Gracias a Dios que existen los franceses.
Mis padres me pegaron muy poco. De hecho, me parece que sólo lo hicieron una vez durante toda mi infancia: empezaron el 23 de diciembre de 1942 y acabaron en la primavera de 1944
En realidad, prefiero la ciencia a la religión. Si me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire.
