martes, 12 de julio de 2011

PASEN Y VEAN: REC 4.0



La semana pasada terminó la 4ª temporada de Rec. Casi 24.000 microrrelatos optaron al premio final que consiguió Victoria Trigo Bello. Además de su texto, os dejo otros que fueron saliendo a lo largo del año. Disfrútenlos. Pasen y Vean.


Autor: Victoria Trigo Bello


Unidad indivisible


Todo el mundo sabía que era una mujer bala, pero él, ciego de amor, separó las dos partes. La mujer se le clavó en el alma. La bala, en la sien.

Autor: Jesús Esnaola Moraza


S.O.S


Tal vez si hubiera preguntado dónde era el velatorio no habría acabado en aquella sala del tanatorio de Les Corts, besuqueado por desconocidas mientras los hombres se escapaban hacia la puerta para fumarse un pitillo. Sin saber cómo escapar de aquella situación, di el pésame a la viuda, una mujer hermosa, de unos cuarenta años, que me estrechó la mano con mucha entereza y sin una lágrima que pudiera estropearle el maquillaje. Después me acerqué al ataúd, ya tapado, y pude escuchar unos golpecitos tan leves que el murmullo los hacía imperceptibles.

Me volví hacia la viuda y odié haber aprendido morse en el ejército.


Autor: Fernando Vicente Galve


Recortes sociales


«Este gordo ocupa mucho lugar», se queja un anciano de su compañero de asiento. Al fondo del bus, dos viejos con sonotone conversan a gritos. Pero lo peor son los cantos regionales. No falla: en cada viaje de Programa de Mayores contra el Déficit Público, los jubilados cantan. Desde su asiento, la guía pide un poco de silencio a los de las sevillanas, pero no callan. Se consuela al pensar que en unos minutos ella se bajará y dos o tres curvas más adelante el conductor despeñará el autobús por un barranco. Y vuelta a empezar. El grupo de mañana es de Teruel. Toca jotas.



Autor: Gabriel de Biurrun Baquedano


Selección


Un apuesto joven al que besó en los labios con dulzura, un hombre casado, feo pero tierno, al que no besó, pero cuya larga cabellera rubia le hizo cosquillas un momento; un señor mayor con una voz muy bonita, un adolescente encendido y unos siameses prodigiosos. Incluso una chica de risa seria y contundente. Todos elegidos, todos candidatos a una segunda oportunidad entre los brazos de Matilde Urbach. Todos apretujados en aquel enorme congelador.



Autor: Alberto Corujo Corteguera


Hagan juego


Un apuesto joven, al que besó en los labios con dulzura, también quedó prendado de sus encantos. Corrió la voz en el pueblo. Comenzaron las apuestas. A medida que transcurrían los días el nerviosismo era cada vez más palpable. Hasta que, una mañana, el posadero anunció lo inevitable, y todos pudieron respirar tranquilos. Don Vicente ganó la porra: dos meses de infructuoso galanteo y final trágico con disparo en la boca.



Autor: José Delclaux Abad


Muérete ya


—¿Por qué me mira así? —le preguntaba mamá al aire. Estaba tirada en el suelo, borracha como una cuba, a las diez de la mañana.

—Mamá —le dije yo—, ¿por qué no te mueres?

Ella extendió el brazo hacia mí, suplicante.

Luego lo bajó y, con mucha suavidad, comenzó a acariciarme los zapatos.



Autor: Ricardo Álamo González


Una película de las de antes


—Le cobran en aquella fila de la izquierda, si no le importa.

Obediente, el señor García se pone en la cola. En el carrito lleva un secador de pelo, unas tijeras y un set completo de maquillaje de señora. Mientras espera, hace memoria. Le falta el conjunto de bragas y sujetador negros, más unas medias térmicas a juego. Este invierno está siendo muy frío. Tal vez debería comprar también una toquilla de lana o una bufanda. En fin, ya verá. Ahora, lo primero es ir a su casa, sacar el cadáver de su madre de la despensa y maquillarla. Esta noche, después de cenar, verán juntos una película de las de antes.



Autor: Antonio Toribios


Ego te absolvo


Una semilla en esta tierra desolada es como un perdigón. ¿Verdad, don Esteban? Ni uno ni otra darán fruto. Es igual que lo riegues. No sirve de nada sacar al Santo. La lluvia sólo sirve para que se formen barrizales. ¿Verdad? Polvo somos. ¿No, padre? Pulvis es et in pulverum reverteris. Usted lo dice mucho, lo sé de cuando ayudaba en misa. ¿Se acuerda? El amo era malo, padre, no tenía caridad, ni siquiera una pizca. Ahora volverá a ser tierra y Dios tendrá materia con que hacer hombres mejores. ¿A que sí? Para Él será fácil; tendrá que quitar eso sí los perdigones.


Autor: Miguel Torija Martí


El muro


—Más tarde, con el tiempo, plantaremos un árbol, de momento nos tendremos que conformar con esto —dice el padre tomando al hijo del hombro. Entonces los dos giran la vista hacia su obra. Saben que el árbol no se parece al que ocupó aquel lugar pero eso no importa.

—Tenemos que marcharnos antes de que amanezca —dice el padre comenzando a recoger los botes de spray del suelo. El niño no reacciona, mantiene la mirada fija en el muro a pesar de que su padre ha dejado de enfocarlo con la linterna. Por un momento ha creído, ha querido ver mecerse las ramas del olivo.


Manuel Merenciano Felipe


La lista de la compra


Recuerda a papá que baje la tapa. Es mejor que pase desapercibido ante los vecinos. Dile que no traiga más raspas de sardina, que las mondas de patata roja son ideales para el puchero y que nos vendría muy bien algún hueso de jamón. La linterna está en la mesita. ¡Ah!, y que no olvide que el camión de la basura pasa sobre las once, a ver si vamos a tener un disgusto.


Autor: Rosana Alonso


La fila


Algunos lloran por la noche, puedo oler el miedo y la angustia que destilan sus cuerpos. Se oyen los gritos de las patrullas que vigilan para que nadie se cuele. Al amanecer, trepo al árbol más alto y observo la línea que formamos. Se extiende delante de mí perdiéndose en el horizonte. Y si miró hacia atrás compruebo que continúa hasta donde alcanza la vista y más allá. Entonces me bajo y empiezo a reír con todas mis fuerzas, el cuerpo temblando hasta que ella me calma, me coloca en mi sitio y me asegura que vamos en la dirección correcta.


Autor: Elena Casero Viana


El pañuelo de hilo


Algunos lloran, sobre todo las señoras de buen corazón que se arrebujan en sus abrigos de pieles, tiritando de tristeza y enjugándose cuatro lagrimillas mientras observan la escena del indigente destripado en medio de la calle, reteniendo el tráfico que lo rodea, atropellado frente a la puerta de la iglesia, protegido por un chucho desgreñado que no para de aullar. Tapándose la boca con un pañuelito de hilo dice una:

—¡Qué lástima! Alguien debería llamar a la perrera.



Autor: Esperanza Temprano Posada


Vendetta

Papá solía morirse dos veces al día, pero nunca a la misma hora, por eso vivíamos en vilo esperando el momento, sin saber cuando iba a producirse. Desde que mamá le dejó plantado, hacía por lo menos dos intentos diarios de morirse, aunque cuando estaba a punto de conseguirlo se imponía su fuerte naturaleza y se iban al traste sus propósitos. Ayer, mamá volvió a casa, el titiritero con el que se fugó le dio esquinazo, le imploró a papá su perdón y éste en vez de dárselo, cerró los ojos, se murió de una vez y la abandonó para siempre.




PRÓXIMO ARTISTA INVITADO:   La semana que viene nos visitará un escritor con una prosa prodigiosa, o como decimos los futboleros, de campeonato.