lunes, 4 de julio de 2011

BIENVENIDOS A WÍNNAPPU: NEGRO BLANCO SOBRE BLANCO NEGRO


       Fue en Wínnappu, una mañana de noche, donde Luis Siul descubrió que era negro. Negro, negro; como la nieve y los nativos oriundos de Finlandia. Era tal su negrura, albina, que no había en el pueblo un negro más negro que él. Al principio, Luis pensó que todo se debía a un mero desajuste óptico. Quizás, acentuado por una exposición excesiva a los rayos lunares. Tal vez, acuciado por un desorden telúrico cabrón. Aún así, estaba firmemente convencido que el fenómeno (cromático) era de índole pasajera, efímera. No obstante, se sucedían los días y el color, lejos de menguar, persistía. Pronto la gente comenzó a mirarlo y a hablarle como se mira y se habla a un negro. Y él mismo, casi sin darse cuenta, empezó a ser y a discurrir conforme a su nueva condición. Así advirtió un talento especial para la práctica del esquí. Una pericia regular para el baloncesto. Y una ineptitud manifiesta para el cante del rap y el hip hop. Aunque Luis Siul no constató el verdadero alcance de su singularidad hasta transcurrido un tiempo. Fue en Wínnappu, una noche de mañana, cuando coincidió cara a cara con Usain Niasu. El blanco más blanco de todo el pueblo. Blanco, blanco; como el betún y los nativos oriundos del Congo.