Chimbacuaya está al otro lado de la puerta.
Entrando en Wínnappu, justo por donde se sale, hay una puerta que abre si cierra y cierra si abre, aunque nadie sabe si la puerta está abierta, cerrada, medio abierta o medio cerrada. La puerta no es de Wínnappu, pues aquí las puertas abren si abren y cierran si cierran, y la gente entra si entra o sale si sale.
Bien. Chimbacuaya está al otro lado de la puerta que abre si cierra y cierra si abre.
Llame a la puerta, váyase al otro lado y espere a que abran. Si llaman, no abra. Vuelva al otro lado y llame. Ahora abra. Si la puerta se cierra, entre, si no, espere a que llamen. Insista una y otra vez hasta que la puerta abra si cierra y cierre si abre. Luego póngase la camisa.
La camisa es de Chimbacuaya. Allí se puede entrar saliendo y salir entrando. Sólo allí los locos no están cuerdos, llueve para abajo y Sir. Gabriel de Biurrun gana al mus cuando no pierde. Sólo allí la gente con camisa de cuadros abre puertas que se cierran y cierra puertas que se abren.
Si la puerta abre y cierra, llame y abra, entre y salga, porque estamos en Chimbacuaya y en Wínnappu no hay puertas, ni camisas. Y menos aún cuadros.
No hemos probado a entrar por la camisa y ponernos la puerta.
