Hay dos hechos en mi vida dignos de ser contados. Del primero no tengo recuerdos, y del segundo, me temo que no podré contaros nada.
Lo que transcurre en este paréntesis llamado vida, se compone de anécdotas. Una cadena de sucesos tejidos por el azar, que han perfilado mi camino. A veces, he intentado coger atajos, y otras he caminado en círculo. Da igual, estoy segura de que el final va a ser el mismo. Por eso, prefiero contar cuentos e inventar historias, que al menos, aseguren que pasé por esta isla llamada mundo.
Y así, entre paréntesis, y para contaros algunas de esas anécdotas, decir que no vivo sola, ni tengo un gato, pero pudo haber ocurrido así. Tengo dos hijos y un marido que critica (mucho) mis escritos, por eso la mayoría de las veces no se los leo. Tampoco soy especialista en plagas de geranios y otras plantas de exterior, aunque bien pudiera haber sido ese un capítulo de mi vida. Estudié ingeniería técnica industrial y en mi año de proyecto comencé a hablar con el sulfúrico e hice malabares con el nitrato sódico. La soledad en un laboratorio despierta la imaginación de cualquiera. Manché mi bata con tinta y dejé volar las historias que guardaba en un tubo de ensayo. Después me puse el casco de obra y me fui a cuidar del medio ambiente. Hasta que colgué la bata, el casco, y la armadura para seguir mi propio caminito de letras.
Hoy, en Pasen y Vean, tengo el placer de contar con la presencia de Ángeles Sánchez, que escribe habitualmente en su bitácora Mundo en un grano de arena. Básicamente, conozco su escritura a través de los textos que publica en su blog, y hay tres aspectos concretos que me gustaría resaltar de su estilo: la precisión, el manejo del lenguaje y el significado profundo que adquieren sus historias. En sus textos enseguida uno se da cuenta del oficio que Ángeles atesora. Su escritura muchas veces es impecable, pulcra, muy medida. Revela una preocupación estética por el lenguaje en todos sus ámbitos. Siempre hay una búsqueda de la palabra precisa, aquella que encaja y que debe ser esa y no otra. Un proceso de búsqueda y selección que en muchas ocasiones es la seña de identidad más principal del género corto.
Hay en muchos textos de Ángeles una constante que se va repitiendo de una manera u otra. A veces de forma más rotunda, otras de forma más velada. Me refiero al juego, coqueteo incluso podríamos decir, entre la realidad e irrealidad. En distintas ocasiones, desde perspectivas diversas, sus historias deambulan encima de esta línea difusa que separa ambos mundos. Dos mundos que conviven casi juntos de forma muy natural. En estas piezas, la escritura de Ángeles adquiere una profundidad que nos conduce al vértigo existencialista. Allí afloran emociones y sentimientos como la nostalgia, la melancolía, la tristeza... Allí, el hombre, se mira al espejo, se enfrenta a sus miedos, se reconoce. Admiro la capacidad de mantener la incertidumbre y la tensión en esa fina línea, una filigrana técnica por donde respira el lirismo de su prosa.
Hoy os presento dos textos de Ángeles en los que se aprecian las características que veniamos comentando: El pintor y Piélagos. El primero es un microrrelato de antología. Hay idea, belleza en el lenguaje, elipsis, lírismo, historia, cambio. Una delicia que ahonda en los confines de la realidad para mostranos lo que no es, lo que podría no ser. Un texto con múltiples lecturas, muy abierto, que además es capaz de emocionarnos. Piélagos, es uno de mis textos favoritos. Una pieza evocadora donde Ángeles juega con el tiempo y el espacio a su antojo. Apenas hay historia, movimiento, pero en apenas unas líneas se desata una tormenta desaforada. Una pequeña obra de ingeniera que funciona con precisión matemática. Sin más, os dejo con ella. Señoras y Señores con ustedes Ángeles Sánchez. El pintor. Piélagos. Disfrútenlos. Pasen y Vean.
Hoy os presento dos textos de Ángeles en los que se aprecian las características que veniamos comentando: El pintor y Piélagos. El primero es un microrrelato de antología. Hay idea, belleza en el lenguaje, elipsis, lírismo, historia, cambio. Una delicia que ahonda en los confines de la realidad para mostranos lo que no es, lo que podría no ser. Un texto con múltiples lecturas, muy abierto, que además es capaz de emocionarnos. Piélagos, es uno de mis textos favoritos. Una pieza evocadora donde Ángeles juega con el tiempo y el espacio a su antojo. Apenas hay historia, movimiento, pero en apenas unas líneas se desata una tormenta desaforada. Una pequeña obra de ingeniera que funciona con precisión matemática. Sin más, os dejo con ella. Señoras y Señores con ustedes Ángeles Sánchez. El pintor. Piélagos. Disfrútenlos. Pasen y Vean.
EL PINTOR
Ernesto pintaba retratos. Los acumulaba tapizando las paredes desconchadas de su estudio. Le gustaba sentirse acompañado. Un día dijo que quería tenerme allí. Reí ante la propuesta pero accedí. Posé durante horas emborrachándome del olor a trementina. Cuando la obra estuvo acabada, me la mostró orgulloso. Yo quedé perpleja; hubiera sido una obra perfecta de no ser porque dibujó mi nariz algo ladeada. Se lo dije, en parte resignada. No es tan buen retratista, pensé para mis adentros. Entonces, sujetó el pincel por la férula como tratando de obtener así mayor precisión, untó el pelo de hurón en óleo, y se acercó con cuidado hasta el lienzo, dando pasos cortos pero decididos. Luego arrastró todo su brazo hasta el retrato y, con mimo, fue introduciendo el pincel, el brazo, los hombros, hasta que todo él desapareció. Al rato, empecé a notar un leve cosquilleo que me hizo estornudar, seguido de un crujido muy adentro de mi cara.
PIÉLAGOS
Cuenta la leyenda que en la costa crujiente, cuando los últimos rayos de sol derraman oro sobre las olas, los dragones marinos asoman sus crestas soltando por sus hocicos el resquicio de un fuego, nubes grises para envolver al ocaso.
Y en la frontera rocosa que separa nuestros mundos, brotan con las algas, melodías que arrastran a los navíos hasta sus fauces. Una vez el sol se pone, vuelven a sus fosas, agradecidos, en deuda, y con el hambre saciada.
En los últimos tiempos se ha observado que estos pétreos seres van poco a poco fundiéndose con la costa, forjando abruptos acantilados, en silencio.
ÁNGELES SÁNCHEZ
PRÓXIMO ARTISTA INVITADO: La semana que viene nos visitará un desblogado. Ya sabéis, la realidad también está ahí fuera.
PIÉLAGOS
Cuenta la leyenda que en la costa crujiente, cuando los últimos rayos de sol derraman oro sobre las olas, los dragones marinos asoman sus crestas soltando por sus hocicos el resquicio de un fuego, nubes grises para envolver al ocaso.
Y en la frontera rocosa que separa nuestros mundos, brotan con las algas, melodías que arrastran a los navíos hasta sus fauces. Una vez el sol se pone, vuelven a sus fosas, agradecidos, en deuda, y con el hambre saciada.
En los últimos tiempos se ha observado que estos pétreos seres van poco a poco fundiéndose con la costa, forjando abruptos acantilados, en silencio.
ÁNGELES SÁNCHEZ
PRÓXIMO ARTISTA INVITADO: La semana que viene nos visitará un desblogado. Ya sabéis, la realidad también está ahí fuera.


