Aterricé en este mundo a la vez que Carlinhos Brown, solo que él lo hizo en una favela de Salvador de Bahía y yo en un barrio de Madrid. Cuando llegué mis padres llevaban casi un mes esperándome, desde entonces he llegado tarde a todas partes, tremenda ironía del destino impresa en mi nombre.
Hasta los cuatro años quería ser princesa y desde los seis, abogado; a los veintidós me puse la toga por primera vez y ya no me la he quitado. Mi oficio me ha enseñado a leer en los ojos más que en los labios, a divisar a la legua el color del rencor y a olfatear con cautela la fuerza de la razón.
La palabra siempre ha estado conmigo, de día vestida con el corsé de la solemnidad, de la mesura y de la precisión y de noche seductora, libre y espontanea. De día hablo y escribo para ganarme la vida, de noche retozo con ella para ahuyentar el miedo a perder lo que no tengo: la eternidad.
Hoy, en Pasen y Vean, contamos con la presencia de Esperanza Temprano. Abogada de profesión y entusiasta del género corto, Esperanza ganó recientemente el I Concurso de El Microrrelatista organizado por Torcuato González Toval con La triste historia de la tía Rita, microrrelato que se alzó con el primer puesto en el certamen tras una votación popular entre todos los concursantes. Esperanza escribe habitualmente en su bitácora El rastro de la palabra, donde lo primero que nos encontramos a modo de bienvenida es un verso de Federico García Lorca: Hoy siento en el corazón un vago temblor de estrellas, pero mi senda se pierde en el alma de la niebla. Toda una declaración de intenciones que nos anticipa el aliento poético que nos iremos encontrando en cada uno de sus textos, de sus historias. También me gustaría destacar El susurro del duende, una novela por entregas – 140 entradas – que Esperanza ha escrito y publicado en su blog.
Leyendo los textos de Esperanza, lo primero que me llama la atención es su gran capacidad de trabajo. Una capacidad que parte quizás del inconformismo. Hay una pretensión de ser original en la idea, de trabajar el lenguaje, de dotar a la historia de un ritmo concreto y de perfilar el cierre. En este sentido, sus historias esconden detrás una sólida estructura y un andamiaje que les da forma. También advierto un especial interés por trabajar la psicología de los personajes. Algo muy difícil de lograr en un género tan breve. Pero Esperanza, muchas veces lo logra y sus piezas nos presentan personajes perfectamente caracterizados y profundos. Definidos a través de un gesto, un rasgo, una palabra. Por último, me gustaría resaltar el humor y concretamente la ironía que desprenden sus textos. Un recurso que siempre nos permite ver las dos vertientes de la historia.
Hoy os presento tres textos de Esperanza. De menos a más, no en calidad sino en extensión. Empezamos con La siesta del factor, un híperbreve de aliento poético, estupendo título, triste realidad. El suceso, la tragedia, contado desde la perspectiva existencialista, desde la búsqueda de una razón, en un intento de dotar de sentido a un sinsentido. Seguimos con Encantos Ocultos, un microrrelato donde Esperanza nos deleita con uno de los recursos literarios que mejor domina: la ironía. Una historia que revestida de esta capa trágica de humor, nos adentra en temas fundamentales como el amor, la soledad, la indiferencia, la rutina. Un idea muy original desarrollada a través de un lenguaje preciso. Y por último, Una pena de oficio, una historia que rescata uno de los oficios más antiguos, hoy ya casi desaparecido, y en el que Esperanza nos muestra su vertiente más negra. En una pieza que al final, en el cierre, cambia las tornas y nos sorprende de una manera muy especial. Sin más, os dejo con ella. Señoras y Señores con ustedes Esperanza Temprano. La siesta del factor, Encantos ocultos, Una pena de oficio. Disfrútenlos. Pasen y Vean.
LA SIESTA DEL FACTOR
Al abrir los ojos se dio cuenta: uno dirección Sevilla, otro dirección Madrid. Dos trenes, dos destinos, mil historias, una misma vía, una sola tragedia… Solo sobrevivió el silencio.
Hoy, en Pasen y Vean, contamos con la presencia de Esperanza Temprano. Abogada de profesión y entusiasta del género corto, Esperanza ganó recientemente el I Concurso de El Microrrelatista organizado por Torcuato González Toval con La triste historia de la tía Rita, microrrelato que se alzó con el primer puesto en el certamen tras una votación popular entre todos los concursantes. Esperanza escribe habitualmente en su bitácora El rastro de la palabra, donde lo primero que nos encontramos a modo de bienvenida es un verso de Federico García Lorca: Hoy siento en el corazón un vago temblor de estrellas, pero mi senda se pierde en el alma de la niebla. Toda una declaración de intenciones que nos anticipa el aliento poético que nos iremos encontrando en cada uno de sus textos, de sus historias. También me gustaría destacar El susurro del duende, una novela por entregas – 140 entradas – que Esperanza ha escrito y publicado en su blog.
Leyendo los textos de Esperanza, lo primero que me llama la atención es su gran capacidad de trabajo. Una capacidad que parte quizás del inconformismo. Hay una pretensión de ser original en la idea, de trabajar el lenguaje, de dotar a la historia de un ritmo concreto y de perfilar el cierre. En este sentido, sus historias esconden detrás una sólida estructura y un andamiaje que les da forma. También advierto un especial interés por trabajar la psicología de los personajes. Algo muy difícil de lograr en un género tan breve. Pero Esperanza, muchas veces lo logra y sus piezas nos presentan personajes perfectamente caracterizados y profundos. Definidos a través de un gesto, un rasgo, una palabra. Por último, me gustaría resaltar el humor y concretamente la ironía que desprenden sus textos. Un recurso que siempre nos permite ver las dos vertientes de la historia.
Hoy os presento tres textos de Esperanza. De menos a más, no en calidad sino en extensión. Empezamos con La siesta del factor, un híperbreve de aliento poético, estupendo título, triste realidad. El suceso, la tragedia, contado desde la perspectiva existencialista, desde la búsqueda de una razón, en un intento de dotar de sentido a un sinsentido. Seguimos con Encantos Ocultos, un microrrelato donde Esperanza nos deleita con uno de los recursos literarios que mejor domina: la ironía. Una historia que revestida de esta capa trágica de humor, nos adentra en temas fundamentales como el amor, la soledad, la indiferencia, la rutina. Un idea muy original desarrollada a través de un lenguaje preciso. Y por último, Una pena de oficio, una historia que rescata uno de los oficios más antiguos, hoy ya casi desaparecido, y en el que Esperanza nos muestra su vertiente más negra. En una pieza que al final, en el cierre, cambia las tornas y nos sorprende de una manera muy especial. Sin más, os dejo con ella. Señoras y Señores con ustedes Esperanza Temprano. La siesta del factor, Encantos ocultos, Una pena de oficio. Disfrútenlos. Pasen y Vean.
LA SIESTA DEL FACTOR
Al abrir los ojos se dio cuenta: uno dirección Sevilla, otro dirección Madrid. Dos trenes, dos destinos, mil historias, una misma vía, una sola tragedia… Solo sobrevivió el silencio.
ENCANTOS OCULTOS
A mi mujer no le gusta que le fastidie sus estrategias, me considera un cero a la izquierda, un torpe que estropea todos sus planes, por eso me esconde cuando llegan las visitas. El otro día, sin ir más lejos, me hizo pasar por una escultura hiperrealista apostada en el pasillo. Todo iba bien hasta que su ilustre invitada se empeñó en recorrer los pliegues de mi pantalón. Desde entonces viene todas las tardes a tomar el té en compañía de las más variopintas amigas y mi santa, aunque yo sea un patán, me exhibe encantada de haberse convertido en el centro de todas las envidias.
UNA PENA DE OFICIO
Se miró en el espejo mientras terminaba de abrochar los últimos botones de su camisa negra. Era casi la hora. Se atusó el pelo recogido en un moño alto que dejaba desnudo el rostro doliente, recolocó su falda azabache que completaba su uniforme de luto riguroso y como toque final se subió en sus zapatos de duelo, compañeros de sepelios y de lágrimas al peso, esperando que el espejo le diera el visto bueno.
Ya se oían las campanas tañendo el toque de difuntos y asomaba por la cuesta el cortejo fúnebre. Ensayó los gestos finales, apretó los ojos, carraspeó aclarando la voz y cuando el féretro pasó por delante de su puerta se unió a la comitiva profiriendo primero desgarradores gritos de dolor, para acto seguido continuar con un espectáculo de llantos y golpes de pecho que hizo las delicias de la apenada familia del extinto.
Sin duda era la mejor plañidera de la comarca, la de más alta factura, la más autentica, nadie gemía la pena como ella, sus packs de lágrimas y lamentos estaban muy valorados en el entorno, daban el pego engañando hasta al difunto al que, en alguna ocasión, se le vio vagando en busca del camino de vuelta para consolarla.
ESPERANZA TEMPRANO
PROXIMO ARTISTA INVITADO: La próxima semana dos en uno, o uno en dos, o muchos en varios.
PROXIMO ARTISTA INVITADO: La próxima semana dos en uno, o uno en dos, o muchos en varios.


