Los domingos por la tarde los habitantes de Wínnappu suelen ir al cine. El pueblo cuenta con un gran complejo cinematográfico de más de diez salas. En todas ellas se proyecta siempre Casablanca. La película se estrenó allí un año antes de ser filmada, coincidiendo con la inauguración de los multicines. Desde entonces, nadie se pierde nunca ninguno de los tres pases. Los lugareños sonríen cuando se apagan las luces, corre la cinta y Rick se lamenta que de todos los bares, en todos los pueblos, en todo el mundo, ella va y entra en el mío. Se emocionan el recordar que los alemanes iban de gris y tú ibas vestida de azul el día que se conocieron. Y siguen llorando a moco tendido cada vez que él le dice a su amada Ilsa que si no coge ese avión se arrepentirá. Tal vez no hoy, tal vez no mañana, pero pronto y para el resto de tus días. Aunque todos en Wínnappu confían que un día Rick no la deje marchar, olvide que siempre nos quedará París y la bese apasionadamente mientras Sam toca otra vez su canción. Naninoninona, naninoninona...
