miércoles, 16 de marzo de 2011

SORPRESA


        El abuelo llegó por su propio pie, del brazo de Mamá. Dentro, a oscuras y en silencio, lo esperábamos todos confeti y matasuegras en mano. ¡Sorpreeeeeeesa!, gritamos cuando lo vimos entrar en la iglesia. El pobre se quedó pálido, desvaído, pero aún se asombró más al abrir su regalo. Un precioso féretro de cedro inglés, forradito de raso y con sus iniciales bordadas. Don Cosme, el cura, lo acompañó hasta el primer banco y comenzó con la liturgia. Tras las exequias, el abuelo subió al atril y pronunció unas palabras. Una vez en el cementerio, volvió a emocionarse al descubrir la lápida con su nombre. Luego se metió en el ataúd y cerró los ojos. De fondo sonaba Porompompero, su canción preferida.