martes, 1 de febrero de 2011

PASEN Y VEAN: JOSÉ AGUSTÍN NAVARRO


“Varón. Alicantino. Caucásico. 39 años. Licenciado en Económicas para escatimar palabras. Casado con una Luz que le dio dos Soles. Sin tiempo .BUSCA: Lector riguroso (pero ligero de cascos), con complejo de Peter Pan (pero sin traumas), para relación esporádica continuada. Y el tiempo dirá.”


En fin, ahora un poco más en serio. Hace unos años cayó en mis manos el relato “Despedida de amor en el bar”, de Carola Aikin, y quedé atrapado eternamente en aquella belleza inabarcable. Desde aquel entonces, cuando no puedo administrarme un micro, escrito o leído, sufro taquicardia de puro síndrome de abstinencia. Por ello, para evitar quedarme sin suministro, cultivo en mi jardín alguna planta de ficciones que riego con humor y abono con las sempiternas obsesiones sobre el erotismo, la muerte, el dolor, los sueños y el paso del tiempo. En mis ratos libres, qué cosas digo, escucho a Rufus Wainwright y leo a mis escritores fetiche: Millás y Houllebecq. Y hasta aquí. Como bien sabéis, 159 palabras son demasiadas. Gracias. Un placer.

Hoy, en Pasen y Vean, tengo el placer de contar con la presencia de José Agustín Navarro. Un escritor a quien sigo – mejor dicho persigo – en algunos de los concursos (Rec, Abogados) en los que a veces coincidimos. Hay autores que cuando los lees por primera vez te succionan y luego cuando vuelves a encontrártelos confirmas que la primera impresión no te había engañado. José Agustín es uno de ellos. Sinónimo de calidad, originalidad y buen hacer. En sus textos palpita un estilo y una voz muy personal. Compendio de diversos elementos que José Agustín domina con maestría: lenguaje, tiempos narrativos, humor y distancia. Precisamente toda su literatura nace a raíz de esta distancia que utilizada como recurso literario, nos presenta un mundo deshumanizado. Pero, precisamente, su gran logro es acercarnos desde esta distancia artificial emociones y sentimientos tan reales y verdaderos. A veces, leyendo a José Agustín, tengo la sensación de estar sentado en la platea de un teatro. Contemplando atónito una función en la que se que todo es mentira, irreal, pero que acabo creyéndome a pie juntillas. No hay muchos escritores que logren atrapar al lector y succionarlo de esta manera. Y que lo hagan desde la distancia y el humor. Un humor que en si no es un recurso más, sino que muchas veces se erige en la fotografía misma del texto. Un humor que se convierte en tono, en voz. En definitiva, en otro personaje más de la historia.

       Pruebas fehacientes de todo lo que digo, son los textos que hoy tengo el gusto de presentaros: RIP Y Refugio. En el primero, podemos apreciar con toda nitidez el sentido del humor de José Agustín. Un humor que es punta de lanza de una metáfora total acerca de la diferenciación, la moral, la venganza. En definitiva, grandes temas, que adquieren la máxima relevancia en una pieza que incluso se permite un guiño literario en toda regla. El segundo texto, titulado Refugio, es toda una demostración de fuerza, músculo puro. Reconozco que es una de las piezas que más me ha impactado últimamente. Una historia sencilla que estalla en toda su crudeza ante los ojos atónitos del lector. Aquí, el manejo magistral de la distancia puede verse en todo su esplendor. Y es el recurso que el autor utiliza, contrariamente a lo que podría parecer en un principio, para llegar, romper y emocionar. Hoy es un placer tener a un escritor tan especial como él en Pasen Y Vean. Señoras y Señores con ustedes José Agustín Navarro. RIP. Refugio. Disfrútenlos. Pasen y Vean.


R.I.P.

Agonizante, llamo con el patas libres al SAMUR. Comunica. Comienzo a hiperventilar. Me hago con el envoltorio de un chicle y respiro en su interior. Por fin, una voz humana responde. Le indico, entre crecientes espasmos, que soy una cucaracha que no puede caminar porque le faltan las dos patas de atrás. Lamentablemente, la telefonista no me cree y cuelga. Estiro la última pata. Mi familia escapó indemne al genocidio de escobazos. Arrieros somos.


REFUGIO

Grito a mis bebés. Golpeo sus cabezas. Les digo: "Todo es por vuestra culpa. Ojalá no hubierais nacido". Después cojo a Mickey Mouse y juego a que le grita a Minnie: "Zorra, tráeme una cerveza". Minnie contesta: "La niña puede oírte". Mickey le rompe el vestido y la desnuda sobre la cama. Por fin Mamá sale del dormitorio. Se abrocha la bata. Llora de mentira. Lleva un ojo morado de tanto jugar. Se le cayó un diente. Esta noche Ratoncito Pérez le traerá un regalo.


JOSÉ AGUSTÍN NAVARRO




PRÓXIMA ARTISTA INVITADA:  La semana que viene nos visitará una meteoróloga de verdad. Experta en palabras y en jardines.