lunes, 24 de enero de 2011

BIENVENIDOS A WÍNNAPPU: LA PRIMERA NOCHE

Ilustración extraída del blog de Miguel Esteban Galvan.

          Mario y Beatriz dejan atrás Lacriba y emprenden el camino de regreso a casa. A lo lejos, Wínnappu desaparece bajo el hueco vacío de una luna inexistente (1). Caminan despacio. Ella suspira y mira al suelo. Él sujeta una antorcha y le propina puntapiés a una piedra. Observándolos, se diría que no son felices. Antes de subir la montaña temían no volver a verse nunca más. Ahora les invade una sensación extraña. Una desazón que no cesa ni cuando llegan al fin a Wínnappu. Allí se alejan en direcciones opuestas. Ella con su padre. Él con su madre. Esa primera noche, desde la cama, ambos extienden sus brazos. Éstos huyen a través de la ventana, se deslizan  por los tejados, ahuyentan a gatos y poetas, alcanzan la iglesia y ascienden hasta la torre del campanario. En lo más alto sus manos se entrelazan para siempre mientras las muñecas sonríen. Luego cierran los ojos y se quedan dormidos. Aunque ninguno puede evitar sentir que un fiero escalofrío estremezca sus corazones de caucho.



1. Aquí el autor se adorna. Podría decir que anochece, que está anocheciendo o simplemente que Wínnappu desaparece en la oscuridad.