Nací en 1964.
Viví en el campo los cinco primeros años de mi vida. De ese periodo son mis recuerdos hiperreales.
Mi abuelo paterno murió en 1969. Ponían Bonanza en la televisión, pero ya no estábamos en el campo, sino en el pueblo, mientras mi padre asfaltaba carreteras en Suiza.
Mi abuelo materno murió en 1978, el mismo año que se me acababa la EGB y Video killed the radio star. En la ciudad.
Empecé a frecuentar el bibliobús mientras me educaba sentimentalmente con el consultorio de revistas como Pronto.
Estuve enamorado de Sonia Martínez, que presentaba 3, 2, 1…contacto.
Para escapar de la cutrez me dio por escribir a imitación de lo que leía. Y eso es lo que sigo haciendo.
Desde los dieciocho años trabajé como conserje durante un par de veranos, pero me echaron y aprendí a hacer
Autostop, que es todo un arte. Así se llama el primer relato de mi libro Mucha suerte.
He tardado en escribir con un poco de disciplina, principalmente por inmadurez.
Le debo a internet todo lo que soy como escritor.
Me dedico a la enseñanza, esto es, al aprendizaje.
Tengo tres hijos, lo que no es moco de pavo.
Le debo a Lucía las palabras y un poco más.
Creo que un escritor trabaja, al menos yo, con muy poca vergüenza, la cara muy dura, con mucha ignorancia, y
con cierta habilidad técnica.
Cualquier día no pasará nada, todo se irá al carajo, y eso me parece maravilloso.
Hoy, en Pasen y Vean, tengo el placer de contar con la presencia de Antonio Báez. Profesor, escritor y administrador del blog Cuentosdebarro, donde regularmente publica sus textos y que fue nominado por Revista de Letras al mejor blog de creación literaria en el año 2011. Además Antonio ha publicado recientemente su primera novela: La memoria del gintonic, editorial Talentura, de la que nos ocuparemos más tarde. También numerosos piezas suyan han aparecido en diversas antologías, revistas y bitácoras especializadas: Velas al viento, Los microrrelatos de la Nave de los Locos, Fernando Valls, Cuadernos del Vigía, Blog de Papel, Editores Policarbonados, entre muchos otros. En el 2008 publicó su libro de relatos Mucha suerte.
Sin duda definir el estilo de Antonio no es tarea fácil ya que posee una voz personalísima, original, sólida. Un estilo que se cimenta en una arquitectura de vanguardia, una prosa elegante, una fotografía en blanco y negro, un tratamiento peculiar de narrador y personajes, una gestión fragmentaria de los tiempos narrativos y un sentido del humor irónico, sagaz. La literatura de Antonio incide en el núcleo de la condición humana, y nos muestra – siempre desde cierta distancia y sin ningún afán moral – la grandeza y las miserias del hombre en sus relaciones humanas y en la relación que éste establece con los objetos y paisajes de los que forma parte. La vida entendida como acto poético.
Hoy os presento su relato Vacaciones. Una pieza en la que aparecen varios de los elementos recurrentes en la literatura de Antonio – un perro, un puente, un hombre que bebe... – y que resulta muy representativa de su producción. Una historia en la que el narrador es protagonista en todo el sentido del término. Y desde esta perspectiva Antonio nos sugiere una escena de cariz onírico que también deambula por los vericuetos de lo fantástico y el surrealismo. Vacaciones es un texto donde prima la desazón, el desasosiego, la nostalgia, y cierta melancolía poética que mantiene en vilo al lector hasta el final. Una pieza sin fisuras ni artificios, construida desde el lenguaje de un personaje que mantiene cierta distancia con la historia, consigo mismo y con el lector.
Antes de Vacaciones, tres fragmentos muy breves de su reciente novela: La memoria del gintonic, editorial Talentura. Tres fragmentos a modo de presentación que casi podrían leerse como sendos microrrelatos. Sin más os dejo con él. Antonio Báez. La memoria del gintonic. Vacaciones. Disfrútenlos. Pasen y Vean.
Las cosas pierden y ganan su consistencia ante mis ojos. Se deshacen y se vuelven a formar por sus denominaciones. Ahora es gintonic, ahora deja de serlo, porque no sé cómo se llama ni qué es. Vuelve a ser al rato mi bebida favorita. Escribo y dejo de escribir. Escribo y he de dejar espacios en blanco con los nombres olvidados, con los nombres y los sabores que no puedo imaginar.
A veces me sorprendo sentada ante el ordenador vieja vieja vieja vieja vieja vieja vieja vieja vieja vieja vieja vieja vieja vieja vieja y a veces los fantasmas campan a sus anchas por mi salón o se sientan en la tumbona de la terraza y me piden que prepare unos gintonics. La mujer negra se despide todas las tardes y regresa todas las mañanas.
-¿Tú quién eres?
-Doña Eulogia, soy yo, Palmira.
-¿Tú qué eres, negra?
-Desde que mi madre me parió.
-Hija, fíjate lo que son las cosas, a mí los negros y las negras antes no me gustaban ni un pelo.
-Doña Eulogia, soy yo, Palmira.
-¿Tú qué eres, negra?
-Desde que mi madre me parió.
-Hija, fíjate lo que son las cosas, a mí los negros y las negras antes no me gustaban ni un pelo.
VACACIONES
Me tomé varios gintonics en un hotel de lujo. Me gustan los gintonics, me gustan los hoteles y me gusta el lujo. Luego salí a echar una siesta en unos jardines cercanos. Duermo sin problemas en la calle. Me despertó una mujer lamiéndome la cara. La miré y ella me husmeó como si fuese un perrillo, dando una vuelta completa alrededor de mi cuerpo tumbado en la hierba. Cerré los ojos conforme, sabiendo que no estaba solo. Cuando al rato extendí una mano se acercó de nuevo juguetona y dio su primer ladrido. El primero de unos cuantos. Me ayudó a que me pusiera en pie de esa forma animosa y saltarina que tienen los chuchos cuando quieren colaborar.
-Qué vacaciones me estoy pegando, le dije.
-Me alegro de que lo estés pasando bien, me gustaría acompañarte.
-Después de una siesta tan estupenda lo mejor sería dar un paseo por...
-¿La isla?
Me sorprendió y luego recordé haber conducido a través de un puente, pero no sabía que había llegado a una isla. Caminamos un buen rato para ver la puesta de sol. Era una mujer callada, pero en modo alguno taciturna, yo le hablaba y ella sonreía o ladraba, a veces ladraba hacia algunos árboles, hacia algún turista, que aceleraba el paso espantado.
-¿Y mis amigos?, le pregunté, cuando caí en la cuenta de que los había dejado en el hotel bebiendo gintonics.
Pero ella no me hizo caso, se limitó a escarbar un poco entre la hojarasca.
Antes de que el último rayo del sol se ocultase en el horizonte me dio por pensar que quizás podría tener una aventura con aquella mujer, pero fue una idea que no cuajó en mi cabeza. Sin darnos cuenta, en animada compañía, pero sin apenas conversación, le habíamos dado la vuelta a la isla y nos encontrábamos de nuevo en el jardincillo donde nos habíamos encontrado.
-Tengo que buscar a mis amigos, le dije.
Sonrió y ladró con conformidad. El grupo de sus amigas salía en ese momento del casino cercano y la llamaron, algunas con ladridos breves, tímidos.
Me acerqué para besarla en una mejilla y volvió a lamerme.
-Adiós, le dije, ha sido una bonita puesta de sol.
-Siempre merece la pena, me dijo, antes de volver con su grupo, que se repartió en un par de coches.
Volví al hotel para ver si mis amigos continuaban bebiendo, lo cual no sería extraño, pero en el bar del hotel no supieron darme ninguna noticia. No tengo problemas con dormir al raso, creo que ya lo he dicho, pero me pareció que lo mejor sería coger una habitación y darme una ducha antes de bajar a tomar unas copas.
ANTONIO BÁEZ



13 comentarios:
Después de leer esta vuelta por la isla, que es como una vuelta por la vida, donde nada pasa y pasa de todo, me quedaron ganas de leer ese libro. A ver si me leo las esperas y le echo el ojo.
Abrazos agradecidos para anfitrión y visitante.
Antonio, compañero de editorial, es un escritor incansable, a veces no sé de dónde saca el tiempo para publicar tanto en su blog y en papel, y con tres hijos, y manteniendo la calidad. Me alegro de verle por aquí. Un abrazo a ambos.
No conocía ni al escritor ni su blog, aunque la noticia de 'Memorias de un gintonic' sí me ha llegado. Es lo que tiene la ráfaga constante de información que se recibe a través de Internet, combinada con las prisas por estar al día.
Me parece estupenda esta semblanza, que singulariza al autor y le pone cara; el texto es también muy sugerente. A mí esta presentación me resulta determinante para acercarme a leer a Antonio Báez.
Abrazos a ambos.
Tengo Memorias del gintonic en la mmesilla para empezar a leerle en cuanto acaba Discordancias de ELena Casero.
Pude conocer a Antonio en la presentación de Discordancias, y aunque ya me había hecho una idea de su manera de ser honesta como escritor y lector al charlar con él lo comprobé del todo. Incluso con la dedicatoria en la que me dice que espera que su libro me guste o no. ;) Un tío cabal, sincero y nada gafapasta ni pedante.
He leído sus micros de la Nave, algunos textos más largos y me gusta su estilo y su manera de contar.
Este texto de hoy me gusta mucho por el surrealismo y la mezcla de visión cuerda y a la vez extraña del personaje.
Vaya ha sido una sorpresa y un gusto encontrar aquí a Antonio hoy. Yo tampoco sé de dónde saca el tiempo.
Un abrazo a los dos
leerlo y acabe...
Agus, no conozco a Antonio Baez, pero me ha encantado la presentación que ha realizado de si mismo, uniendo notas autobiográficas con sucesos históricos.
El relato me parece una vuelta de tuerca - nunca mejor dicho - a una isla y a una situación concreta, en que se mezcla realidad y ficción casi sin darse uno cuenta.
Me gustó.
Un abrazo a los dos.
Agus, gracias otra vez por acercarnos a un escritor que, en este caso, no conocía, pero que me alegro mucho de conocer. Me ha gustado especialmente el diálogo de las dos mujeres (Palmira y doña Eulogia) y Vacaciones, con tantos puntos de fuga y elementos surrealistas. Y yo donde vivo, lo de dar la vuelta a la isla es todo un clásico.
Un abrazo para los dos
A mi tambien me ha gustado el relato de Antonio Baez al que no conocía. Me apunto lo del libro para cuando haya algo de lugar. Tengo una pila de libros por leer, y no quiero que me diagnostiquen ninguna enfermedad rara o síndrome,que supongo que tendrá nombre lo de comprar libros y no leerlos.
Gracias, saludos.
Pues yo conocía su blog, e incluso soy seguidora (no comentarista porque ya no me dan los ratos robados). Había leído algunas otras piezas con la misma sensación de que el autor te está contando algo que va más allá de ti como lector, y que a veces cuaja y otras se me pierde entre la sonrisa y la extrañeza. Pero el conocimiento de que el absurdo y lo cotidiano van en pareja queda flotando por ahí.
Que me ha gustado mucho, vaya, y que anoto el libro para la lista de navidad ;)
Gracias Agus y felicidades a ambos
Había visto su libro en Talentura, pero no conocía al autor, gracias Agus por traerlo y acercárnoslo un poquito más. Nos has puesto un caramelo en la boca, con esta estupenda bio y mejor relato. Abrazos para ambos.
Gracias a todos por vuestros comentarios. Un placer.
Y gracias a Antonio, por su colaboración y talento.
Buenas noches, abrazos.
Muchas gracias a todos los comentaristas y en especial a Agustín por su generosidad.
Tarde para variar, pero no puedo dejar de agradecer la oportunidad que me das Agus de conocer a otro autor. Ese "Vacaciones" hace que tenga ganas de connocer el resto del libro.
Besitos
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