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| Ángel Manuel Rodríguez Romero |
Desde hace un tiempo no despierto bien. Será la falta de preocupaciones, el hipnótico sosiego o quizás esta excesiva quietud. Pero lo cierto es que últimamente apenas puedo conciliar la vida. Me paso el día durmiendo, soñando en fase rem, sin despegar ojo. Ni siquiera me desvelo cuando amanece, suena el despertador o mi mujer me afeita. La medicación ya no surte efecto, las corrientes eléctricas son inocuas y las infusiones de cafeína aún me aturden más. Tampoco la tuna ni sus alegres clavelitos alrededor de mi lecho resultan eficaces. Nada ni nadie consiguen despertarme ya. Los médicos dicen que la ciencia no tiene remedio contra esta extraña afección. Sólo me queda resignarme y dormir por los siglos de los siglos, amén. Confiando que al final todo vuelva a ser un sueño.
