martes, 26 de octubre de 2010

PASEN Y VEAN: PEDRO PEINADO


       " Nací en Madrid hace 37 años. He pasado algunos de los mejores momentos de mi vida entre las páginas de Poe, García Márquez, Torrente Ballester, Lobo Antunes, Cortázar... Estudié Psicología con la esperanza de entender algo del mundo y he terminado trabajando en una biblioteca sin entender todavía nada. Tal vez por eso escribo. Hace unos siete años, conmovido por los versos de Gonzalo Rojas me atreví con mis primeros poemas. Desde luego aquellas líneas temblorosas no eran poesía ni mucho menos, y además sufrían de una pertinaz tendencia al giro final. Un día, a quince minutos del cierre, me presenté a un concurso de microrrelatos en El Mundo y para mi sorpresa -que aún persiste- me dieron un premio. A partir de entonces busqué como hormiguita los pocos libros que en aquella época se publicaban sobre microrrelato y quedé hechizado definitivamente por "Temporada de fantasmas" de Ana María Shua y por la variedad de registros que hallé en la primera recopilación de Clara Obligado "Por favor, sea breve". Desde entonces no he dejado de disfrutar del género tanto en la práctica como leyendo cuanto ha caído en mis manos. Y espero seguir así al menos 37 más ".

       Hoy, en Pasen y Vean, nos visita Pedro Peinado. Destacado cultivador del género corto, descubrí sus textos  hace relativamente poco tiempo pero enseguida me atrayeron con una fuerza inusitada. Decía Roberto Bolaño al final de su vida, cuando estaba ya gravemente enfermo y era consciente del fin, que “había sido feliz todos los días de su vida al menos un ratito”. Supongo que la felicidad consiste en  eso, en pequeños detalles. Digo esto, porque es la sensación que tengo cuando me pierdo en su bitácora Lágrimas para cactus y leo uno de sus micros. Adentrarme en su universo propio supone uno de mis ratitos de felicidad literaria. Una dosis a la que no estoy dispuesto a renunciar. El  universo literario de Pedro - que abarca inumerables espacios de acción-  está regido por determinadas reglas de juego. Pautas. Leyes. Normas. Y en algunos de ellos habitan incluso gigantes. Gigantes de verdad, de carne y hueso, tan reales como tú y como yo. La principal virtud de un escritor reside precisamente en la capacidad de crear mundos. Algo muy difícil de conseguir, no tanto por el contenido y la originalidad – que también juegan un papel importante – sino por todo aquello que no se ve, que está detrás, entre bambalinas, que lo sustenta. Sin estas reglas de juego, sin esta física y química, sin esta arquitectura, nada de lo que viene después sería posible. Ahí reside el mérito de Pedro, su fuerza creativa, su coherencia literaria.


  

        A los largo de estos años Pedro ha obtenido diversos premios y menciones que avalan su calidad literaria y recompensan su esfuerzo y dedicación.


- Ganador del XXI concurso de microrrelatos digitales de San Valentín organizado por elmundo.es (febrero 2004).

- Ganador del primer concurso “Jóvenes enamorados” organizado por la Casa de la Juventud de Alcobendas, Madrid (febrero 2004).

- Ganador del XXIV concurso de microrrelatos digitales de elmundo.es, categoría relatos eróticos, organizado con motivo de la Feria del Libro de Madrid (junio 2004).

- Ganador del primer certamen de microrrelato Ciutat d´elx, organizado por la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Elche (diciembre 2004).

- Ganador del III Concurso de Microrrelatos 2 Cielos 2 (Mayo 2006).

- Premio especial en el Concurso Internacional de microtextos Garzón Céspedes, Del cuento de nunca acabar (2008).

- Primer premio en el I concurso de microrrelatos Artgerust (enero 2009).

- Ganador del IX Premio de relato mínimo Diomedea (noviembre 2009).

- Ganador del XVII Premio Internacional de Relato Hiperbreve Círculo Cultural Faroni (diciembre 2009).

- Ganador del concurso "El beso del vampiro" (marzo 2010).

       Además, múltiples relatos suyos han sido finalistas de otros tantos concursos, han sido dramatizados en radio y publicados en revistas y fanzines literarios.

      

      El texto que hoy os presento es relativamente joven. Se titula “Fuga” y ejemplifica perfectamente ese universo propio que Pedro tan bien ha sabido crear. El mundo de los gigantes en toda su dimensión. En todo su apogeo. Pero también en este texto  podemos encontrar dos virtudes esenciales de su literatura: su talento para crear imágenes y la dimensión onírica de su lenguaje. Un lenguaje que te seduce y narcotiza como lo hacen el vaivén de las olas o el traqueteo del tren. Se intuye el mimo, el cariño y la precisión de Pedro al elegir cada palabra. “Fuga” es una de las mejores historias de amor que he leído. Y no lo digo por decir. Es uno de mis textos de mesilla. Una de mis debilidades. Es muy difícil escribir sobre un tema tan universal y recurrente sin caer en la repetición y la cursilería. Para hacerlo hay que tener el arrojo suficiente, talento a raudales y calidad en las manos. Pedro lo consigue y sale airoso. "Fuga" es uno de esos textos que se escapan. Textos que tienen una magia inexplicable que hace que volvamos una y otra vez sobre ellos. Conocemos la historia, la trama, los personajes pero algo nos impulsa a leerlo de nuevo. Y siempre cada lectura nos depara una nueva sorpresa, un detalle, un gesto, algo ínfimo en lo que no habíamos reparado antes. Hoy me entusiasma tenerlo aquí y poder compartirlo con todos vosotros. Espero que coincidáis conmigo y me ayudéis – como siempre lo hacéis cada Martes – a completar este puzzle incompleto. Señoras y Señores con ustedes Pedro Peinado. “Fuga”. Disfrútenlo. Pasen y Vean.




FUGA


Tom, el joven gigante de los Hamilton, está sentado junto a la hija del predicador, la adorable Annika. La belleza de Annika es codiciada por los primogénitos de los principales jefes tribales, pero Tom ha sido el más rápido en adivinar las palabras que la adolescente deseaba oír de labios de su pretendiente. Nada más apropiado para un carácter rebelde que el pensamiento que ha fascinado a gigantes de todas las épocas: "Si tú y yo miráramos al cielo, Annika, acabaríamos por tener alas". Y allí están las dos colosales figuras recortadas a la luz del atardecer, sentados al borde del acantilado en las afueras de la comarca, con los pies hundidos en el río que juega a fugarse hacia la costa; de espaldas al mundo y en éxtasis de amor. Dos chiquillos a punto de desplegar las alas.


PEDRO PEINADO










PRÓXIMA ARTISTA INVITADA: La semana que viene nos visitará una dama muy versátil y polifacética. Por cierto, traer palomitas.