lunes, 25 de octubre de 2010

EL CONTADOR DE PÁJAROS


Vuelo de pájaros, Joan Miro

    
        Matías se negó a cumplir el servicio militar. Objetó y lo mandaron a un parque a contar pájaros. Todas las mañanas durante nueve largos meses. Antes, aprendió a distinguir los diversos tipos de canto. El trino agudo del jilguero, el grave del pardillo, el dulce y meloso del petirrojo, el grácil del mirlo y el gorjeo sutil del camachuelo. Su trabajo consistía en sentarse en un banco, escuchar atentamente y anotar en un cuaderno el número de ejemplares de cada especie. Ni siquiera tenía que molestarse en levantar la vista y mirar hacia el cielo. Al principio le costó acostumbrarse, aunque pronto advirtió que todos solían cantar a la misma hora, repetidas veces y con similar ímpetu. Sin embargo, el último día Matías no oyó cantar a ninguno. Extrañado, se acercó hasta uno de los árboles y le propinó un puntapié. Pero ni los pájaros cantaron ni él pudo esquivar a tiempo el pesado altavoz.







* Este texto está basado en hechos reales. Bueno, hasta cierto punto. Parte de lo contado le sucedió a un amigo mío hace ya algunos años.  El otro día me perdí por los jardines de Puck y a propósito de una entrada le expliqué la historia. Ella me incitó a escribir un micro, me regaló el título y yo acepté el reto. Por cierto, el amigo no soy yo. Un servidor se rompió la pierna jugando a fútbol a lo Julio Iglesias y me declararon inútil para cumplir el servicio militar. Bendita inutilidad.