martes, 14 de septiembre de 2010

PASEN Y VEAN: ISABEL GÓNZALEZ GÓNZALEZ

Cada martes - quizás por eso del ni te cases ni te embarques - haré fiesta. Me tomaré el día libre y me daré el gustazo de darle voz y voto a un autor y a un relato de los que conforman mi biblioteca personal. La semana que viene, si todo sale según lo previsto, nos visitará todo un caballero, un caballero medieval.

Hoy, la artista invitada es Isabel Gónzalez Gónzalez. La verdad es que me hacía mucha ilusión estrenar esta sección con ella. Muchos de vosotros ya la conoceis. Y creo que no hace falta glosar su prosa ni decir nada acerca de su talento. Sólo, me permitiré el lujo de contaros una experiencia personal. Conocí a Isabel en la final de este año de Relatos en Cadena. Recuerdo que cuando salimos del estudio fue la primera persona que me felicitó. Yo, nervioso y emocionado, lo único que le acerté a decir es que me sabía mal haberle arrebatado el premio en el último suspiro - me metí en la final en el último mes de concurso. Bién, pues ahí estaba yo, hecho un flan.  Isabel quedó segunda  después de colarse por segundo año consecutivo en una final anual. Y para mí, lo digo como lo siento, era la gran favorita. Y a pesar de todo, ella estaba allí, consolándome a mí. Dándome la enhorabuena. Intentando tranquilizarme. No sé, fue algo extraño. Un gesto de humildad, pundonor y generosidad díficil de olvidar. En fin, espero que Isabel no se enfade conmigo por haber contado esta pequeña intimidad nuestra. Ahora, sin más preámbulos, les invito a que la lean y la disfruten. Pasen y vean.




HORA  DE  JUGAR

Y se vistieron para la misa de doce. Jadeantes y risueños después de tanto jugar. Ella se puso una falda plisada y él se sentó sobre el balón para anudarse los zapatos. En un rincón quedaron arrumbadas las cometas y las caracolas. Pero al fondo, todavía se escuchaba el rugido de los tigres. Las peleas de los unicornios. El batir de unas alas enormes como aeroplanos. Ya se disponían a salir cuando un rayo de sol penetró por la ventana. Miles de partículas danzaron en su haz. "¿A que no las pillas?", propuso él. Y mientras las campanas sonaban, los niños jugaban a atrapar la luz.


ISABEL GÓNZALEZ GÓNZALEZ